Todas las experiencias en los viajes a La Gomera | Sitio Oficial de Turismo de La Gomera

Todas las experiencias en los viajes a La Gomera

Usted está aquí Inicio > Experiencias > Todas las experiencias en los viajes a La Gomera

05/08/2014 12:47:57 | hotel tecina

simplemente precioso

carmen pereira

29/09/2013 2:08:54 |

Para nuestro viaje de novios elegimos un hotel en la isla vecina de Tenerife y alli nos propusieron una excursion para un dia de mayo de 1999, a san Sebastian de la Gomera,yo no estaba muy convencida, porque,al no saber nadar,me daba miedo ir en ferry,pero por suerte,mi marido me convencio y ante nuestros ojos aparecio el bosque mas maravilloso y extraño que nunca hubieramos imaginado encontrar.La excursion se nos hizo demasiado corta,pero debiamos volver a nuestra isla.Lamento profundamente el horrible incendio que sufrió mi querido bosque,ojalá que con el tiempo,se recupere y nuestras generaciones futuras disfruten de lo que disfrutamos nosotros.salu2 a todos los habitantes de la isla,de parte de una andalana(andaluza/catalana;)

carmen

12/09/2012 15:25:17 | Pensión Candelaria

Buenos días, acabamos de venir de nuestras vacaciones en la Gomera y queríamos dejar nuestra opinión sobre la experiencia. La isla en sí es una preciosidad al no estar masificada y mantener sus costumbres y forma de vida dentro de una evolución lógica que se adapta a los tiempos que corren te deja una sensación de vivir algo auténtico, con gente que no es consciente de lo amables que son, ya que no tienen que hacer esfuerzos para ello, son así , es su forma de ser; en los diversos negocios saben que viven del turismo y hay que cuidarlo y merece un esfuerzo que hacen de forma natural, ojalá no se pierda nunca esta profesionalidad tan humana. Personalmente es lo que mas me ha gustado de la isla, su gente. El destrozo del fuego que afectó a Garajonay , otras zonas y lo peor a unas 90 casas de las que unos 40 son irrecuperables es lo que mas duele, nosotros continuamos adelante con nuestro viaje, nos informamos en el alojamiento en el que estábamos ( La pensión Candelaria en el Valle del Gran Rey) y no lo dudamos. Lo primero que hicimos fue ir a la oficina de turismo de Valle Gran Rey , pero no en la casita de madera al lado de la parada de taxis, siempre la encontrábamos cerrada incluso en su horario, de casualidad encontramos la "oficina de turismo" mas en el interior, qué pena que no esté mejor indicada, la atención es impecable ya que la trabajadora que atiende conoce bien la isla y nos aclaró todas las dudas orientándonos sobre nuestro principal objetivo que era hacer senderismo, igualmente nos pareció buenísima la atención del centro de visitantes Juego de bolas. Es evidente la importancia de Garajonay, un bosque único merece varias visitas aunque no se sea experto en botánica a cualquiera sorprende por sus formas prehistóricas, lo abrupto de la isla es para un senderista muy interesante ademas rodeados de mar y diferentes paisajes, en el Cedro donde la vegetación es exuberante hablar con sus gentes completa la visita. Nos dedicamos a recorrer barrancos, playas, recorridos en barco ... Nos gustó probar su gastronomía típica, es un lujo tomar pescado fresco tan bien preparado acompañado con vino de la tierra. Para descansar es ideal, cierto tipo de turismo apreciamos el silencio por la noche; esto no quita que haya locales diversos pero siempre respetuosos con los vecinos. Está claro que habrá que volver. Un saludo, Mluz

Mari Luz

03/09/2012 14:06:14 |

LA GOMERA, CON TODA NORMALIDAD Como cada año, a principios del presente ya habíamos realizado la reserva para buscar el descanso y el disfrute que siempre nos ha sabido proporcionar la Isla de La Gomera: su gente, su naturaleza, su concepción del tiempo, quizás eso que llaman la magia de esta tierra. Cuando ya había sido profusamente publicitada, familia y amigos nos alertaron de la fatalidad, conocedores de nuestra intención de viajar a la isla colombina: “el fuego arrasa la Isla, se está evacuando a la población”. Inmediatamente recordé el incendio de 1984, que me obligaron a estudiar en 1986 desde la perspectiva de los riesgos naturales y antropogénicos en un curso de Investigación en la Naturaleza en el campamento de El Cedro. La noticia se ha propagado desde algunas televisiones nacionales hasta buena parte de Europa, aunque felizmente en este caso no hemos tenido que lamentar víctimas. Conozco poco la Isla, y quienes me conocen no lo entienden pues he visitado muchos de sus barrancos y sus municipios en numerosas ocasiones, reconozco algunos de sus roques oteándolos en la travesía desde Los Cristianos. He recorrido muchas de sus pistas y numerosos senderos, me he remojado en sus cascadas, he sentido el frío en la humedad de la laurisilva y el calor sofocante en algunas playas del sur, y también en La Villa. Ahora también he conocido algunas de sus maravillas sumergidas. He estudiado sus vientos, y he realizado numerosos estudios climáticos locales e insulares, he cartografiado la corología de sus hábitats, y también la distribución de la población en el Territorio. E insisto en que conozco poco la Isla de La Gomera, pues es inmensa. Cada vez que la abandono quedo más convencido de su inmensidad. Aunque es muy difícil extinguir un fuego en la Isla, sabía que no afectaría a nuestras vacaciones. Si ha conseguido nuestro más enérgico lamento por las indeseables consecuencias. Pero esta vez he recibido la lección más importante, que no ha venido de científicos ni eminentes especialistas en Cursos de Verano: la he aprendido de los gomeros. He sabido cómo afrontaron una evacuación, anunciada y por tanto dimensionada para más de 5.000 personas, capacitando a La Villa para asistir a los abuelos que anunciaban el miedo en sus ojos, olvidadas sus imprescindibles medicinas; a personas con necesidades especiales de todo tipo; a jóvenes parejas con sus hijos, dejando todos atrás cuanto son sus propiedades. Centenares de veraneantes dejaron el equipaje en sus destinos, saliendo alertados desde el suroeste por la Guardia Civil viendo las llamas amenazantes en las medianías en el entrono de Chipude. No sólo se solventaron las recetas médicas, el avituallamiento o el descanso. Se organizó una misa para los más mayores, y los niños pasaban el tiempo en castillos hinchables sin abandonar la mirada hacia la preocupación de sus padres. El Puerto se llenaba de recursos y de medios, todos los necesarios… y más. La solidaridad existe, al menos en La Gomera, y a todos los niveles: jóvenes, empleados públicos, personas acomodadas, parados, … todos pusieron todas sus capacidades al servicio de las necesidades de quienes lo necesitaban. Los afectados, gomeros, tinerfeños, peninsulares, alemanes, franceses, noruegos, daneses, … de medio mundo. Y ninguno de ellos encontró distinción para su atención y cuidados. Ni siquiera faltó la traducción de los mensajes en alemán, inglés, francés e italiano. No existían (o al menos no se conocían) obligaciones contractuales establecidas en los Planes de Emergencia tipo. Todos los habitantes de La Gomera actuaron unidos, sin más elementos de coordinación que la intuición, el afán de ayuda a los demás y la entrega sin límites. Han sido testimonios recogidos en la Isla, completamente normalizada en la mayor parte de su territorio desde el momento mismo en el que los evacuados volvieron a sus viviendas. Entre los agentes del SEPRONA, en los comercios, en el mercado, en los bares y restaurantes, todo volvió a la normalidad. Se han quemado un buen número de hectáreas cuyo valor ecológico es incalculable, igual que lo deberían ser los bienes afectados entre los pequeños propietarios de Valle Gran Rey y Vallehermoso. Parece que todos tienen claro (otra vez) que los incendios se evitan entre noviembre y abril, con las tareas de prevención. Pero también se pueden impedir promoviendo entre los habitantes que quieran a su Territorio, y no obligándoles a asumir un mapa mental con límites artificiales tras cuya frontera dejan de entender que deben intervenir (como en un sistema neofeudalista). Resultan desgarradoras las palabras y el mensaje de la empleada de la Oficina de Turismo en La Villa, junto al pozo que abasteció de agua a las tres carabelas en sus primeros viajes: “parece que nadie se da cuenta de que se trata de nuestra Isla, de nuestra tierra; parece que a nadie le importa, que nadie de fuera nos quiere”. Sus palabras encuentran todo el sentido observando el hierático abandono de los empleados de la UME en la terminal del Puerto de La Gomera. La dependencia exterior es imprescindible, igual que lo es en recónditos pueblos de Extremadura, de Andalucía, o de la alta montaña pirenaica. Pero en la Isla no se mensuran las circunstancias de la misma forma: el ir y venir, el ser y el estar son completamente diferentes. Patético y vomitivo resulta el carnaval político que se empeñan en organizar algunos, sobre todo cuando en La Gomera todos conocen las máscaras de todos sus representantes. A un gomero no se engaña ya a no ser que quiera dejarse engañar, y en este caso no sería engañado (aunque algunos crean que lo han logrado). La Isla sigue con toda su normalidad, y quizás esta sea una sus características más sobresalientes. Ni desde dentro ni desde fuera la van a conseguir alterar. Ójala que su Parador no resulte afectado por ninguna decisión bajo las pautas de una visión económica cortoplacista; que la Villa siga siendo capital sin angustia; que sus mejoradas comunicaciones interiores (senderos, carreteras, túneles y puentes) se puedan conservar, y se potencien las conexiones exteriores; que sus playas sigan mostrando desde las aguas tranquilas de La Laja a las indómitas de la Playa de Hermigua; que sus fondos marinos sigan ofreciendo el espectáculo que aún hoy mantienen; que sus numerosas rutas y senderos nos hagan sentir perdidos como en un laberinto, sabiendo que todo está cerca; que Garajonay siga mostrándonos la Naturaleza en toda su expresión (geológica, edáfica, geomorfológica, biótica, y también social y económica); que se pueda seguir disfrutando de su gastronomía, con un cabrito o conejo inigualables, diversidad de pescado que no conoce el pienso, o papas, bubangos y otras verduras que asimilan los mil sabores con los mojos inconfundibles. Todo ello seguirá siendo inabarcable a menos que se disponga de muchas semanas durante muchos años para descubrirlo. Quizás hace falta toda una vida. Espero que ahora quienes se preocupaban por mi viaje entiendan que en La Gomera cabe todo un continente. Pero sobre todo espero que su gente no cambie. Nos veremos el próximo año. Gracias. Eladio M. Romero González. Doctor en Ingeniería Ambiental. Profesor de la Escuela Superior de Ingenieros de la Universidad de Sevilla. Licenciado en Geografía. Licenciado en Antropología Social y Cultural.

Eladio Romero

Experiencias

27/02/2014 11:52:54 | Apartamentos Santa Ana, Playa Santiago

Hay paz y no criminalidad. El sol brilla durante 360 dias y el mar invita a tomar un baño todo los días del año.Frutas y verduras de temporada ,pescado fresco y especialidades canarias todo ello harán que pasen un dia perfecto. El silencio y la vista al mar ( incluso desde el dormitorio ) garantizan una relajación inmediata. ¿Existe un lugar así? Siii,hay un lugar asÍ,en medio de un paraíso para senderismo,con impresionates barrancos y un sinfín de posibilidades para caminar. Los Apartamentos Santa Ana en Playa de Santiago, son como chalets en las montañas, dentro de un complejo muy bien cuidado y todo los apartamentos tienen vista al mar. Quiero recomendar los Apartamentos Santa Ana desde el fondo de mi corazón y seguro que volveré.. Natalie Lantos

Natalie Lantos

Experiencias

30/01/2014 17:24:52 |

Imagen del Parque Nacional de Garajonay

Mateo Moyá

30/01/2014 17:39:54 |

Fun greetings from La Gomera

doublehighd

30/01/2014 17:37:14 |

holiday is so fun

Sigrid Nagele